Ya hablamos en nuestro blog acerca de los aceites esenciales a raíz de un artículo sobre el aceite del árbol de té. Como ya explicamos en aquel post, y para quienes prefieran saltárselo, los aceites esenciales son productos obtenidos a partir de materia prima vegetal mediante procesos de destilación. Son productos muy aromáticas y ligeros, sin ninguna cantidad de grasa, que poseen propiedades estupendas en muchos campos de aplicación. La perfumería, la cosmética o la terapia médica con solo algunos de ellos. Y hoy hablaremos del aceite de lavanda.

 

Aceite esencial de lavanda

Podríamos pasarnos todo el artículo mencionando aceites esenciales y nunca hallaríamos uno tan popular como el aceite esencial de lavanda. Como su propio nombre indica, procede de la destilación de la planta de lavanda, científicamente conocida como lavándula angustifolia. Una planta que podemos encontrar tanto en los países de la zona mediterránea de Europa como en muchos países africanos. Su aceite esencial es, sin ninguna duda, uno de los productos protagonistas de esa medicina alternativa recogida bajo el nombre de aromaterapia.

Y no es para menos. Las propiedades del aceite esencial de lavanda son espectaculares. En primer lugar, tiene propiedades antibacterianas y antimicóticas. Es decir, propiedades antisépticas. En segundo lugar, actúa sobre el sistema nervioso central para inducir una mayor sensación de calma. Es por eso que muchas personas lo usan para relacionarse con la ansiedad, para relajarse en momentos de mucho estrés o, sencillamente, para conciliar el sueño en noches más difíciles. Basta con hacer algunas inhalaciones para experimentar sus efectos calmantes.

Pero no terminan ahí las propiedades del aceite esencial de lavanda. También tiene capacidades cicatrizantes considerables. Y propiedades analgésicas, siendo un mitigador natural del dolor. Además, y por si fuera poco, es una aceite esencial muy útil contra determinadas afecciones de la piel como el acné en adultos o la dermatitis. Eso sí, el aceite esencial de lavanda debe ser empleado de diferente manera en función del objetivo que estamos persiguiendo. Y, como con cualquier otro aceite esencial, tan concentrado, tener mucho cuidado con el abuso.

 

Aceite de lavanda para el pelo

Como decíamos, el aceite de lavanda se utiliza muy frecuentemente en tratamientos del insomnio y la ansiedad, en tratamientos de dolencias, en tratamientos de cicatrización e incluso en cosmética. Pero también para otros ámbitos como la limpieza de alfombras o el cuidado del cabello. Es en este último punto donde nos centraremos un poquito en las siguientes líneas. Y es que este aceite esencial cuenta con muchas otras propiedades que hacen que sea extremadamente recomendable para nuestro pelo en muchísimas circunstancias.

Como cuando necesitamos fortalecer el cabello. El aceite de lavanda para el pelo previene la caída del mismo, por lo que es fantástico para quienes afrontan este problema. Ya sea de manera circunstancial, por el estrés o la alimentación, o de manera más permanente. Por otro lado, las propiedades antimicrobianas del aceite esencial de lavanda también tienen repercusiones en el estado de salud de nuestro cabello. Como impedir el surgimiento de toda clase de microorganismos como bacterias u hongos que pueden acabar generando picores e infecciones.

Al igual que el procedimiento de uso de la lavanda en aromaterapia dependía del objetivo final que tuviésemos, también el empleo del aceite esencial de lavanda para el pelo puede variar. Así, encontramos tres métodos. Bien como aceite para masajes capilares. Bien como añadido en los champús o acondicionadores que utilicemos en la ducha normalmente. O bien como mascarilla capilar. Es más, muchas de las mascarillas capilares industriales ya incorporan aceite esencial de lavanda. Eso sí, siempre utilizando dosis muy bajas, entre dos y cinco gotitas