Al aceite de ricino le persiguen dos extendidos mitos. Dos malentendidos muy asentados que le reportan, en ocasiones, una reputación inmerecidamente mala. Hablamos, para empezar, del mito alrededor de su supuesto origen animal. Un equívoco que procede de la denominación que los angloparlantes dan a la planta arbustiva de Ricinus Communis, de la que procede este famoso aceite. ¿Cuál? Castor. Y, en consecuencia, acostumbran a llamar Castor Oil al aceite de ricino. Ya tenemos lío montado. Pero no, no hay roedores en su composición.

Esta tergiversación lingüística puede, a veces, generar rechazo en la comunidad vegana. Del mismo modo, el otro mito puede generar rechazo en toda la población. Nos referimos a su supuesta toxicidad. Porque sí, una semilla cruda de Ricinus Communis es una de las sustancias más tóxicas que existen en la naturaleza. Pero en cuanto al aceite extraído de la planta, no hay absolutamente nada que temer. ¿Cómo iba a comercializarse si no?

 

Qué es el aceite de ricino

Como ya apuntábamos, el aceite de ricino es una sustancia proveniente de la Ricinus Communis, una planta que podemos encontrar mayormente en los países del cuerno de África y en La India. De forma más técnica, diremos que se trata de un triglicérido, una forma compuesta de ácidos grasos esenciales que constituye la manera más eficiente de nuestro organismo de almacenar energía. Entre esos ácidos grasos del aceite de ricino, destaca uno por encima de todos: el omega 9 conocido como ácido ricinoleico.

Un ácido graso que aporta al aceite de ricino propiedades maravillosas como analgésico y antiinflamatorio. Y, lo mejor de todo, es que mientras que en el aceite de ricino este ácido graso está presente hasta en un 90%, en otros aceites como el de soja solo se encuentra únicamente en un 0,03%. Por eso, el aceite de castor (recordemos: castor la planta, no el roedor) tiene tantísimos usos.

 

Para qué sirve el aceite de ricino

En lugar de preguntarnos para qué sirve el aceite de ricino, tal vez lo más inteligente sería preguntarnos para qué no sirve. Porque este aceite es tan versátil que abarca una cantidad increíble de usos en todo tipo de áreas. Y, con toda seguridad, surgirán más y más usos derivados de un mayor conocimiento del mismo. De momento, podemos encontrarlo en productos alimentarios como aditivo, en productos para lubricación, en productos médicos y, por supuesto, en productos comercializados por una distribuidora cosmética como la nuestra.

Aunque no termina ahí la cosa. Si rebuscas entre los ingredientes de los aceites de masajes, quizá encuentras al aceite de ricino ahí escondido. También en productos contra la alopecia, en productos que combaten picaduras de insectos, en productos contra la artritis, en productos contras cicatrices y en productos fortalecedores de las cejas, pestañas y uñas. Y la lista continúa y continúa hasta casi el infinito. Te avisamos: es versátil como pocos.

 

Propiedades del aceite de ricino para la piel

¿Pero por qué resulta tan polivalente? ¿Por qué los usos del aceite de ricino son tan variados? Pues por todas sus increíbles propiedades naturales. Como ya dijimos antes, tiene propiedades analgésicas y antiinflamatorias. Pero no son las únicas. También posee propiedades antibacteriales, antivirales y fungicidas. Y propiedades como hidratante, suavizante, laxante, antiarrugas, antienvejecimiento o relajante muscular. Vamos, el aceite definitivo, con permiso del aceite oliva virgen extra. El aceite para todo. El aceite mágico.

Por todo eso es ideal el aceite de ricino para la piel, el cabello, las uñas o los dolores. Pero también por la gran cantidad de vitamina E que contiene. Esta vitamina, fundamental para nuestro organismo, le aporta propiedades antioxidantes, protegiendo nuestras células del estrés oxidativo generado por los radicales libres. También una ayudita extra a nuestro sistema inmunológico, a nuestro sistema hormonal y a nuestra salud ocular, ¿Vas a dejar que dos mitos te alejen de todo esto?