La semana pasada hablábamos del jengibre como uno de los ingredientes de moda en la cocina moderna. Pero no es, ni mucho menos, el único. Seguro que durante los últimos años habréis oído hablar mucho de esas semillas conocidas como chía. Puede que incluso las hayáis probado y experimentado ese suave sabor, muy similar al de las nueces, que esconde en su interior. ¿Pero sabes de dónde procede? ¿Sabes los increíbles beneficios que tienen estas semillas para tu organismo? Y, muy importante, ¿sabes cómo consumirlas correctamente? Te lo contamos.

 

Planta de la chía

La planta de chía, conocida científicamente como Salvia hispánica L, es una planta nativa de Latinoamérica. Más concretamente, de países norteamericanos como México y centroamericanos como El Salvador, Nicaragua, Costa Rica o Guatemala. Es más, muchas de las civilizaciones que habitaban estas regiones antes de que tuviese lugar la conquista de América contaban con alimentaciones basadas en la chía. Hasta ese punto fue importante desde el punto de vista histórico. En México, de hecho, era el cultivo más prolífico tras el cultivo de maíz y el de frijol.

Los españoles, sin embargo, introdujimos en aquellos países nuestros propios cereales oriundos. Fue así como la poderosa chía cayó en un olvido injusto. Hoy, por suerte, la hemos recuperado y todos estos países la exportan a todo el planeta para que todos disfrutemos de las semillas de chía, la parte de la planta que realmente importa a los seres humanos por sus propiedades y cualidades nutricionales, así como sus contrastados beneficios para nuestra salud. A continuación, te contamos cuáles son todos estos beneficios

 

Propiedades de la chía

Las propiedades de la chía vienen dadas por sus fantásticos componentes nutricionales. En este sentido, cabe destacar su gran contenido en minerales como el calcio, el potasio, el hierro, el magnesio, el manganeso, el cobre o el zinc. También en vitaminas importantísimas la niacina, más conocida como vitamina B3. Y, por supuesto, su perfecto equilibrio entre macronutrientes: más de un 40% de carbohidratos, más de un 16% de proteínas y más de un 30% de grasas saludables. Es más, es una de los alimentos con más ácidos grasos alfa-linolénico omega 3.

Gracias a estos componentes, los beneficios de las semillas chía se disparan. Como sus efectos antioxidantes y antienvejecimiento, su colaboración en el control del colesterol malo (LDL), su activación de la quema de grasas, su favorecimiento del tránsito intestinal, su capacidad antiinflamatoria o sus propiedades depurativas, pues nos ayudan a eliminar toxinas de nuestro organismo. Además, lo olvidábamos, la chía contiene también mucha fibra, por lo que resulta un aliado excepcional para alcanzar la saciedad adecuada, comer menos y controlar el peso.

 

¿Cómo se come la chía?

Ya hemos visto para qué es buena la chía. Sin embargo, hay muchas personas que todavía no saben cómo deben introducir este increíble alimento en sus alimentaciones. Pero hay muchas, muchas formas. Como, por ejemplo, masticar las semillas directamente. Conforme entren en contacto con la saliva se hidratarán, aumentarán todas su tamaño y se volverán más suaves. Es la manera más básica de consumirlas. Pero también podemos echarles una mano e hidratarlas previamente remojándolas en agua o en algún zumo. Solo hay que esperar a que crezcan.

Por otro lado, y en cuanto a cómo se come la chía, otra opción es echárselas a los batidos y los zumos. De hecho, es una de las modalidades más extendidas de consumo de chía. También beber té de chía, formato en el cual las semillas obtienen unas cualidades terapéuticas aún mayores: alivian la fiebre, alivian el dolor, alivian las úlceras bucales… Por último, también puedes agregarla a platos de pasta, de arroz, de legumbres o de cereales. En líneas generales, es un alimento muy suave que se adapta a todo tipo de comidas. ¡No desaproveches sus beneficios!