Los factores de crecimiento se han convertido en uno de los componentes favoritos de la cosmética durante la última década. Su presencia en productos estéticos ha crecido exponencialmente estos últimos años y cada vez son más y más personas quienes se aprovechan de sus increíbles efectos sobre la piel. Sin embargo, y en un nivel conceptual, la inmensa mayoría de las personas todavía no saben qué son exactamente estas moléculas que nos encontramos mencionadas con tantísima frecuencia. En el artículo de hoy profundizaremos en ellas.

 

Factor de crecimiento epidérmico

Los factores de crecimiento son un conjunto de moléculas que funcionan como mensajeros celulares. Proteínas en la mayoría de casos que, combinados con los neurotransmisores y las hormonas, sirven para que las células de nuestro organismo se comuniquen. Vale, estarás pensando, ¿pero qué tiene que ver todo eso con nuestra piel? Pues que uno de los principales factores de crecimiento es el factor de crecimiento epidérmico, mejor conocido como simplemente EGF. Un EGF cuyo principal objetivo es servir de mensajero entre las células de la piel.

Pero estudiémoslo de una manera más concreta. Todo comienza cuando el factor de crecimiento epidérmico reconoce y se une a uno de los receptores de las células de la piel. De esa manera el EGF envía su mensaje a dicho receptor, que se encarga seguidamente de comunicarlo al núcleo de la célula mediante un intrincado sistema de señalización en cascada. Por último, ya en el núcleo, dicho mensaje enviado por el EGF motiva las actividades de la célula que benefician nuestra piel. Como la producción de colágeno y de elastina.

Por supuesto, y como apuntábamos ya, el factor de crecimiento epidérmico no es el único de los factores con los que contamos en la actualidad. Es más, ni siquiera es el único de los factores de crecimiento en estética. Existe también el factor de crecimiento queratinocítico, más conocido como KGF. Los queratinocitos son las células de la dermis más abundantes, de manera que su estimulación nos beneficia enormemente. Por eso encontramos en el mercado productos cosméticos que contienen ambos factores de crecimiento en pequeñas proporciones.

 

Tratamiento con factores de crecimiento

Como decíamos, es muy habitual actualmente encontrar factores de crecimiento en estética. Pero, ya lo medio apuntábamos, en proporciones muy, muy reducidas. Esto viene determinado por dos cuestiones. La primera es que los factores de crecimiento son difíciles de obtener y resulta muy caro producirlos. La segunda es que tienen efectos muy potentes, de modo que no es necesaria una enorme cantidad para vernos beneficiados por ellos. A tal punto son efectivos que el EGF ganó el premio Nobel en 1986. Que se dice pronto.

Sin embargo, existen muchos otros tratamientos con factores de crecimiento. Por ejemplo, son muy utilizados en el tratamiento de las lesiones musculares agudas y de las lesiones ligamentosas agudas. Gracias a sus efectos, es posible acortar considerablemente los periodos de recuperación. También para mejorar la funcionalidad de las articulaciones en los cuadros de artrosis. En términos generales, los factores de crecimientos nos sirven para acelerar la curación de las lesiones y para disminuir el dolor provocada por las mismas.

Pero hay muchos otros factores de crecimiento. Como el factor de crecimiento derivado de plaquetas, el factor de crecimiento nervioso o el factor de crecimiento de los fibroblastos, entre otros. Cada uno de ellos con grandes utilidades para la ciencia. El descubrimiento de los mismos ha supuesto un avance en todas las áreas, incluida el área de la cosmética y la estética. Las cremas con factores de crecimiento abundan en las tiendas. Pero, eso sí, tan solo deberíamos comprar aquellas de calidad con resultados probados.