La dermatitis atópica afecta a muchísimas más personas de las que podríamos imaginar. En concreto, se estima que entre un 15% y un 30% de los niños occidentales la sufren. Los bebés y los niños de entre tres meses y cinco años son los más afectados, aunque esta enfermedad puede persistir hasta la edad adulta. ¿Lo peor de todo? Que según estudios especializados, el número de casos de piel atópica se ha duplicado e incluso triplicado en algunos países occidentales.

Para entender por qué está aumentando la prevalencia de esta enfermedad de la piel, debemos comprender qué la causa en un primer momento. Lo explicaremos más adelante. También la manera de identificar sus síntomas para detectar que la estás sufriendo. Y las acciones que debes realizar o evitar para tratarla una vez ha aparecido. Todo en este artículo. Empecemos por lo básico: ¿qué son las pieles atópicas? Acompáñanos.

 

Qué es la piel atópica

Como ya apuntábamos, la piel atópica es una enfermedad de la piel. Consiste, básicamente, en una gran sequedad de la misma, causa del resto de síntomas que la acompañan. Hablamos de la descamación (que tanta inseguridad puede provocarnos a nivel estético), la irritación y ese molesto picor que viene y va. Todo ello provocado por un cutis con carencia de agua. “Entonces, ¿basta con hidratarse mucho para acabar con la dermatitis atópica?” No es tan sencillo.

Porque lo expertos médicos, tras muchísimas investigaciones, lo tienen bastante claro: la causa fundamental de esta enfermedad es la predisposición genética. De hecho, las probabilidades de sufrir piel atópica cuando ambos padres la han sufrido alcanza el 72%. En caso de uno de los dos padres, el riesgo cae hasta un 20%. Sin embargo, y como de costumbre, hay multitud de factores ambientales que pueden activar o agravar esta enfermedad. Un estilo de vida saludable es clave.

 

Características de la piel atópica

Los rasgos de la dermatitis atópica son fácilmente identificables para cualquier dermatólogo. No obstante, y si nunca la hemos sufrido o tenido alguien cerca que la sufra, puede resultarnos bastante confusa. Después de todo, comparte algunas características con las alergias. También podemos pensar que existen muchos tipos de piel y que quizá la descamación, irritación o picor que sentimos es normal. Pero no lo es. Por eso y, ante todo, debemos estar atentos a estos tres síntomas.

Las zonas de descamación, irritación y aparición de manchas rojas aparecen tanto en la cara como en el cuerpo. Se trata de brotes de eczema muy molestos que, de no ser tratados, pueden desembocar en una súper-infección bacteriana o viral. El picor puede resultar tan intenso que, en ocasiones, incurrimos en un rascado compulsivo. Esto también es peligroso, pues puede derivar en lesiones de la piel. Si observas este cuadro de síntomas, acude al médico para confirmar y tratar la piel atópica.

 

Cómo tratar la piel atópica

Lo decíamos antes: la dermatitis atópica tiene un origen fundamentalmente genético, pero hay comportamientos y acciones que pueden desencadenarla, agravarla o prevenirla. La contaminación atmosférica, el cansancio o un estrés muy intenso, por ejemplo, son disparadores. De ahí que los expertos recomienden llevar una vida calmada que incluya ejercicio moderado. Las temperaturas extremas, las duchas muy largas o frotarnos mucho a la hora de secarnos tampoco ayuda mucho en la prevención de esta enfermedad.

Por el contrario, y si estás preguntándote cómo tratar la piel atópica (que sabemos que lo estás haciendo), hay diversas acciones que podrían ayudarte. Como hidratar nuestra piel utilizando cremas emolientes o regenerar la barrera hidrolipídico con la aplicación de aceites de baño. También deberemos evitar los detergentes para la ropa, cortarnos las uñas para no hacernos aún más daño en caso de rascado o limitar el jabón a los pies, axilas y zona genital.

Si el problema continúa tras aplicar estos consejos, no dudes en acudir a un especialista. Es posible que requieras tratamiento médico.