La piel es el órgano más grande de nuestro organismo, precisamente porque recorre todo nuestro cuerpo. Además, actúa como barrera protectora y también influye en nuestra apariencia externa. Existen diferentes tipos de piel, cada uno con sus características especificas y con unas necesidades determinadas.

Aunque la clase de piel que tengamos viene determinada principalmente por la genética, otros factores pueden hacer que cambie. Ciertos factores externos, como el clima, influyen sobre la dermis. Sin embargo, también las circunstancias internas del individuo pueden propiciar estos cambios. Desde la alteración hormonal, hasta el estrés o la alimentación tienen consecuencias visibles sobre nuestra piel.

Basta con observar bien nuestra piel para determinar cual de los diferentes tipos de piel tenemos. Esto resulta fundamental para asegurar un cuidado especifico. Tratando nuestra dermis con los productos adecuados se vera más saludable y estética.

 

Piel normal:

Aunque se trata de la piel menos común, es la que más personas desean. Se trata de una dermis elástica y suave. Los poros son pequeños y finos y presenta muy buena circulación. No existen impurezas y tampoco se irrita fácilmente. Lo más normal es encontrarla en niños, pero con la adolescencia y los cambios hormonales suele cambiar a otro tipo de piel.

La piel normal también se puede definir como aquella que no es ni demasiado grasa ni demasiado seca. Por lo general, sus cuidados se basan en asegurar una buena limpieza e hidratación. Por esta razón, es la piel más deseada.

Piel seca:

Las pieles secas están poco hidratadas. Carecen de lípidos o de agua, lo que quiere decir que producen menos sebo que otras pieles. Esto hace que sean mucho menos elásticas y que se vean más tirantes. Además, al no retener la humedad, pierde en gran medida la función protectora frente a agresiones externas.

Por lo tanto, la piel seca suele sufrir mayores irritaciones, ya que se ve dañada fácilmente. De hecho, en invierno es habitual que las personas con esta clase de piel sufran de sequedad cutánea. Esta dolencia da lugar a la conocida “piel de cocodrilo”. Se trata de un aspecto descamado, sobre todo en piernas y brazos. Estas personas deben utilizar productos hidratantes especializados para su clase de piel.

Piel grasa:

Este caso es contrario al de la piel seca. Cuando se produce una producción acrecentada de seco, los poros se agrandan y el rostro suele estar constantemente brillante. Por estas razones, este tipo de dermis es muy propensa al acné. Aunque muchas de sus causas de la piel grasa son incontrolables, como la genética o los cambios hormonales, otros se pueden identificar y luchar por evitarlos. Por ejemplo, la utilización de productos agresivos para la piel, el estrés, la alimentación o la contaminación.

Para tratar este tipo de piel, resulta fundamental realizar una limpieza completa y exhaustiva. Además, hay que utilizar productos especializados que aseguren el cuidado de la dermis. También existen productos anti-bacterianos especializados en esta clase de pieles. Por último, en caso de que degenere en un caso de acné severo, es fundamental contar con la ayuda profesional de un dermatólogo.

Piel mixta:

Esta clase de piel es muy común. Se caracteriza por tener los dos tipos de piel anteriores en diferentes zonas del rostro. La zona “T”, que incluye la frente, barbilla y nariz, suele ser grasa. En esta parte, los poros son grandes y se presentan impurezas. Sin embargo, las mejillas presentan tendencias hacia la piel seca.

Por lo tanto, la piel mixta necesita encontrar un equilibrio natural para la piel. Por esta razón, los productos recomendados para esta clase de piel la hidratan y protegen de manera específica. De esta forma, se controla la hiperproducción de sebo en las partes grasas y se hidratan las partes con déficit de lípidos.

Además, ten en cuenta que hay pieles más susceptibles a los factores externos que afectan a la piel. Si se notan picores, enrojecimientos o se pierde el equilibrio normal de la dermis, habrá que tener en cuenta que podemos tener una piel sensible.  Por otra parte, cuando la irritación o la descamación provocan síntomas molestoso graves picores, se trata de una piel atópica. En estos casos, hablamos de una enfermedad de la piel causada por una grave sequedad que provoca su descamación rápida. Ambos casos precisan de tratamientos específicos y cuidadosos para asegurar que no se produzcan daños sobre la dermis.